viernes, 28 de junio de 2019

Trabajo cooperativo


Es evidente que cada alumno posee unas características y unas necesidades educativas que lo hacen único, como también es evidente que en las aulas nos encontramos con alumnado con unas necesidades educativas especiales debidas a su procedencia, su lengua, sus intereses, sus capacidades y/o sus motivaciones.

Es por ello que el trabajo cooperativo no es una mera alternativa metodológica potencialmente eficaz para enseñar, sino que además es un contexto donde poder desarrollar las actitudes y los valores de una sociedad diversificada.

Johnson, Johnson y Holubec (1998, p.9) definen el trabajo cooperativo como la utilización didáctica de pequeños equipos donde el alumnado trabaja unido para potenciar al máximo tanto el aprendizaje individual como el colectivo. Esto se debe a que una estructura cooperativa se caracteriza por la interdependencia que se establece entre los integrantes del equipo, de modo tal que uno de sus miembros solo podrá alcanzar el objetivo si el resto de los compañeros también lo logra. De este modo los componentes de un equipo deben trabajar conjuntamente asumiendo una doble responsabilidad, la de aprender y contribuir a que el resto del equipo aprenda (Gavilán, 2003). Persiguiendo a su vez una doble finalidad: aprender los contenidos y habilidades establecidas, y aprender a trabajar en equipo. Es decir, cooperar para aprender y aprender a cooperar (Pujolàs, 2010).

El contexto del trabajo cooperativo ofrece las condiciones idóneas para fomentar el aprendizaje activo del alumnado para que estos alcancen los contenidos educativos establecidos a la vez que se desarrollan las habilidades y destrezas interpersonales. Sin embargo, el aprendizaje competitivo e individualista son alternativas al aprendizaje cooperativo, que pueden resultar de gran utilidad para fomentar ciertas actitudes o destrezas. Las diferencias entre ellas son:
       Situación competitiva. El alumnado trabaja enfrentado al resto de compañeros con el fin de alcanzar una meta que solo uno o unos pocos pueden alcanzar. Este tipo de situación promueve la interdependencia negativa entre las personas: uno percibe que solo puede conseguir la meta si otros no lo hacen.
       Situación de aprendizaje individualista. Cada alumno/a puede alcanzar la meta independientemente de que el resto de compañeros/as la alcancen. No existe relación entre los logros alcanzados por el alumnado.
       Situación de aprendizaje cooperativo. Los estudiantes buscan su propio beneficio, pero también el de los otros miembros del grupo, ya que comparten la misma meta y pueden alcanzarla conjuntamente. Se establece una interdependencia positiva entre los miembros del equipo.

Según Prieto Navarro (2007), algunos elementos básicos del aprendizaje cooperativo son:
       La interdependencia positiva: generada por la necesidad de compartir recursos y de alcanzar una meta común.
       La responsabilidad individual: el compromiso del alumnado surge en parte por la asignación de un rol o tarea específica a cada uno de los componentes del equipo, ya que en caso de no cumplir el trabajo del resto de compañeros o el resultado final se ve afectado.
       Las habilidades sociales: la interacción directa con el resto de los compañeros del equipo obliga a que el alumnado interactúe para la toma conjunta de decisiones, consensuar estrategias de resolución de problemas, etc. Así como el uso de ciertas destrezas necesarias en un contexto de aprendizaje cooperativo como la escucha atenta o la capacidad de disentir de forma educada.

Si no se logra crear la interdependencia positiva entre los integrantes de un equipo, pasamos de hablar de aprendizaje cooperativo a hablar de aprendizaje en pseudogrupo (aquel en el que los integrantes del grupo deben trabajar juntos pero no tienen interés en hacerlo ni en trabajar conjuntamente para alcanzar los objetivos) o de aprendizaje en un grupo tradicional (aquel en el que los integrantes de un grupo aceptan trabajar juntos pero únicamente interactúan para compartir información, ya que posteriormente cada uno trabaja de manera individual (Negro & Torrego, 2012).

El trabajo cooperativo puede resultar una herramienta muy útil capaz de poner en funcionamiento procesos cognitivos debido a la heterogeneidad de los componentes.

El papel del profesor en el diseño y desarrollo de las actividades cooperativas exige el desempeño de numerosas tareas como: la planificación detallada de la actividad, formación de los equipos, establecer y comunicar los criterios de evaluación y las normas de trabajo, la observación del progreso de la actividad, etc.


Referencias

Gavilán Bouzas, P. (2003). Ventajas e inconvenientes de trabajar cooperativamente: Una experiencia en tercero de ESO. Aula De Innovación Educativa, (121), 66-69.
Johnson, D./Johnson, R. / Houlubec, E. (1998), cooperation in the classroom. Edina, MN, Interaction, 6ª ed.
Negro, A., & Torrego, J. C. (2012). Aprendizaje cooperativo en las aulas: fundamentos y recursos para su implantación. . Madrid: Alianza Editorial.
Prieto Navarro, L. (2007). El aprendizaje cooperativo. Boadilla del Monte (Madrid): PPC. Retrieved from https://ua.on.worldcat.org/oclc/434487625
Pujolàs Maset, P. (2010). El aprendizaje cooperativo como recurso y como contenido. Barcelona: Editorial Octaedro. Retrieved from http://www.digitaliapublishing.com/a/9973/

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