Es evidente que cada alumno posee unas características y
unas necesidades educativas que lo hacen único, como también es evidente que en
las aulas nos encontramos con alumnado con unas necesidades educativas
especiales debidas a su procedencia, su lengua, sus intereses, sus capacidades
y/o sus motivaciones.
Es por ello que el trabajo cooperativo no es una mera
alternativa metodológica potencialmente eficaz para enseñar, sino que además es
un contexto donde poder desarrollar las actitudes y los valores de una sociedad
diversificada.
Johnson, Johnson y Holubec (1998, p.9) definen el trabajo
cooperativo como la utilización didáctica de pequeños equipos donde el alumnado
trabaja unido para potenciar al máximo tanto el aprendizaje individual como el
colectivo. Esto se debe a que una estructura cooperativa se caracteriza por la
interdependencia que se establece entre los integrantes del equipo, de modo tal
que uno de sus miembros solo podrá alcanzar el objetivo si el resto de los
compañeros también lo logra. De este modo los componentes de un equipo deben
trabajar conjuntamente asumiendo una doble responsabilidad, la de aprender y
contribuir a que el resto del equipo aprenda (Gavilán, 2003). Persiguiendo a su
vez una doble finalidad: aprender los contenidos y habilidades establecidas, y
aprender a trabajar en equipo. Es decir, cooperar para aprender y aprender a
cooperar (Pujolàs, 2010).
El contexto del trabajo cooperativo ofrece las condiciones
idóneas para fomentar el aprendizaje activo del alumnado para que estos
alcancen los contenidos educativos establecidos a la vez que se desarrollan las
habilidades y destrezas interpersonales. Sin embargo, el aprendizaje competitivo
e individualista son alternativas al aprendizaje cooperativo, que pueden
resultar de gran utilidad para fomentar ciertas actitudes o destrezas. Las
diferencias entre ellas son:
• Situación competitiva. El alumnado
trabaja enfrentado al resto de compañeros con el fin de alcanzar una meta que
solo uno o unos pocos pueden alcanzar. Este tipo de situación promueve la
interdependencia negativa entre las personas: uno percibe que solo puede
conseguir la meta si otros no lo hacen.
• Situación de aprendizaje individualista.
Cada alumno/a puede alcanzar la meta independientemente de que el resto de
compañeros/as la alcancen. No existe relación entre los logros alcanzados por
el alumnado.
• Situación de aprendizaje cooperativo.
Los estudiantes buscan su propio beneficio, pero también el de los otros
miembros del grupo, ya que comparten la misma meta y pueden alcanzarla
conjuntamente. Se establece una interdependencia positiva entre los miembros
del equipo.
Según Prieto Navarro (2007), algunos elementos básicos del
aprendizaje cooperativo son:
• La interdependencia positiva: generada
por la necesidad de compartir recursos y de alcanzar una meta común.
• La responsabilidad individual: el
compromiso del alumnado surge en parte por la asignación de un rol o tarea
específica a cada uno de los componentes del equipo, ya que en caso de no
cumplir el trabajo del resto de compañeros o el resultado final se ve afectado.
• Las habilidades sociales: la
interacción directa con el resto de los compañeros del equipo obliga a que el
alumnado interactúe para la toma conjunta de decisiones, consensuar estrategias
de resolución de problemas, etc. Así como el uso de ciertas destrezas necesarias
en un contexto de aprendizaje cooperativo como la escucha atenta o la capacidad
de disentir de forma educada.
Si no se logra crear la interdependencia positiva entre los
integrantes de un equipo, pasamos de hablar de aprendizaje cooperativo a hablar
de aprendizaje en pseudogrupo (aquel en el que los integrantes del grupo deben
trabajar juntos pero no tienen interés en hacerlo ni en trabajar conjuntamente
para alcanzar los objetivos) o de aprendizaje en un grupo tradicional (aquel en
el que los integrantes de un grupo aceptan trabajar juntos pero únicamente
interactúan para compartir información, ya que posteriormente cada uno trabaja
de manera individual (Negro & Torrego, 2012).
El trabajo cooperativo puede resultar una herramienta muy
útil capaz de poner en funcionamiento procesos cognitivos debido a la
heterogeneidad de los componentes.
El papel del profesor en el diseño y desarrollo de las
actividades cooperativas exige el desempeño de numerosas tareas como: la
planificación detallada de la actividad, formación de los equipos, establecer y
comunicar los criterios de evaluación y las normas de trabajo, la observación
del progreso de la actividad, etc.
Referencias
Gavilán
Bouzas, P. (2003). Ventajas e inconvenientes de trabajar cooperativamente: Una
experiencia en tercero de ESO. Aula De Innovación Educativa, (121), 66-69.
Johnson, D./Johnson, R. / Houlubec, E. (1998), cooperation in the classroom. Edina, MN, Interaction, 6ª ed.
Negro,
A., & Torrego, J. C. (2012). Aprendizaje cooperativo en las aulas:
fundamentos y recursos para su implantación. . Madrid: Alianza
Editorial.
Prieto
Navarro, L. (2007). El aprendizaje cooperativo. Boadilla del Monte (Madrid):
PPC. Retrieved from https://ua.on.worldcat.org/oclc/434487625
Pujolàs
Maset, P. (2010). El aprendizaje cooperativo como recurso y como contenido.
Barcelona: Editorial Octaedro. Retrieved from http://www.digitaliapublishing.com/a/9973/